miércoles, 6 de junio de 2012

La escuela, más allá de los muros.


Desde hace muchos años sostengo que para que los niños o los adultos aprendan se requiere el interés de aprender, es decir, las ganas y el uso de materiales estructurados orgánicamente que faciliten la adquisición de saberes, valores y actitudes. 
Durante mis años de práctica docente, muchas veces recomendé alargar los tiempos de recreo. Esto porque nos dimos cuenta que, durante la hora de recreo, las tareas se hacían, se estudiaba para el examen, se ensayaban los poemas y en general, los niños y niñas se ponían al día. Era pues en el patio de recreo que los estudiantes aprendían de sus compañeros las lecciones que no habían logrado adquirir durante las horas de clase o en casa. De aquí naciò la expresión: “Entre recreo y recreo se pierde mucho tiempo”.

En días pasados escuchaba una conversación en la cual se afirmaba que la demora en iniciar el proceso educativo con los niños de cierto sector se debía a que estaba pendiente la licitación para la construcción de la escuela respectiva. No soy ingeniero, pero me supongo que la licitación, acondicionamiento del terreno y posterior construcción de la escuela tomará un par de años. Los niños que ahora tienen 6 tendrán 8 y los de 12 años, a esa época tendrán 14 y ya estarán buscando otros caminos…, digo yo.  De esta manera, al costo total de esta escuela habrìa que aumentarle el tiempo que los niños pierden en desarrollo intelectual y social y esto para no incluir en esta compleja ecuación el gasto que implica para la sociedad en general.

Consideré que esta discusión ya estaba superada. La escuela, el edificio, no es lo fundamental en el proceso de aprendizaje. La acción de aprender se puede y en muchas ocasiones se ejerce, en  la sala de la casa -propia o del vecino-, en el comedor, en el jardín, debajo de un árbol, en la iglesia, en la inspección de policía, en el Centro de Acción Comunal, es decir, en cualquier sitio o lugar donde estemos protegidos del frío o del sol, donde podamos ejercer el goce y el derecho de conocer algo nuevo, de reflexionar sobre las cosas y aprender. Lo fundamental en el aprendizaje es que haya motivación de los sujetos (niños, jóvenes, adultos, viejos, etc.), para aprender y que se les den propuestas orgánicas de adquisición de conceptos a fin de que puedan investigar, sacar conclusiones  y formar sus propias ideas acerca de las cosas, del mundo en que vive para posteriormente actuar con base en esos saberes. 

No deja de sorprender que en pleno siglo XXI aún estemos atados a la vieja idea que para que en una comunidad se aprenda o para que los niños aprendan, primero debemos construir edificios o “escuelas”, llenarlas de pupitres y nombrar enseñadoresEs tiempo de acabar con la educación enlatada con respuestas dadas que atentan contra la inteligencia de los aprendices y es tiempo de reconocer que la escuela la conforma una comunidad interesada en aprender y no una edificaciòn

Por supuesto que el ambiente es importante, pero el aprendizaje se debe dar y de hecho de da en todos los espacios de la vida. No comparto la idea que los edificios sean lo más importante al pensar en impartir una educación de calidad. Invitamos pues a pensar sobre la escuela como un espacio abierto de intercambio de ideas y dialogo, una persona o personas interesadas en conocer algo para satisfacer su curiosidad o para ponerlo en práctica en la vida diaria,  

Emberas aprenden español para sobrevivir en Bogotá


La Corporación Seragros adelantó un programa de alfabetización bilingüe con un grupo de personas de la comunidad Embera Chamí en la ciudad de Bogotá.

Reportaje de El Tiempo.com.co