martes, 29 de marzo de 2011

“EL Juego: una forma natural de organizar el conocimiento”. 


Trataré sobre el Juego Didáctico no como una definición, sino como el resultado de una práctica educativa que, después de 25 años de consolidación, entra ya en otro momento para ser de sistematizada.

No hay ser humano que haya escapado al juego. Como mínimo jugamos cuando éramos niños. De jóvenes, el espacio para el juego libre se fue agotando, y ese gran momento de libertad que es el recreo se fue recortando para aprovecharlo en toma de notas y copia de respuestas para la siguiente sesión de clases o asignaturas. Más tarde, como padres de familia, tuvimos mucho qué ver con los juegos de los hijos. Unos más, otros menos, según el deseo y la capacidad de colaborar en el desarrollo integral de los niños.


Es necesario advertir que rescato el juego como un derecho de todos los mamíferos- específicamente de los superiores- ya sean niños, jóvenes o adultos; femeninos o masculinos; citadinos o campesinos; negros, cobrizos, amarillos o blancos; alfabetizados o iletrados. Obedece esta advertencia a la connotación infantil que generalmente se aplica al juego, quizá por contaminación del juguete para el entretenimiento.

El Juego, en su connotación de creatividad, tiene tres enemigos capitales: el azar, el truco y la rutina. Existen los juegos de azar, en donde se “gana” o se “pierde” según la suerte que acompañe al jugador. Aparecen los “trucos” para ganar o para hacer perder en el juego. Y está la “rutina” de memorizar mecánicamente cómo debe iniciarse el movimiento de las piezas si se sale de primero y cómo se debe responder si corresponde el segundo turno…

 Hay otro enemigo, no capital pero muy peligroso por estar disfrazado con la máscara de la concentración absoluta: es la distracción, el simple entretenimiento. Naturalmente estos cuatro enemigos (los capitales y el solapado) tienen su certificado de nacimiento -o partida de bautizo- en muchas prácticas rutinarias con sus definiciones debidamente consignadas en los diccionarios.

El Juego Didáctico no es pasatiempo; no es un simple activismo. Como éste se diseña con base en Objetivos formulados con claridad, la simple distracción no tiene cabida, ya que, como afirma Freinet “Distraerse es ir en otra dirección para dispersar la atención, arrancarla a una ocupación o pensamiento que obsesiona”.

El Juego Didáctico -así, con adjetivo- no puede ser producto del azar, pues responde a objetivos previamente trazados. No se resuelve con trucos, ya que obedece a una estructura. No cae en la rutina, pues una vez reconocido el todo, el  participante puede variar -creativamente- los elementos que lo componen. (Aún puede llegar a suprimir o aumentar elementos y reglas). Jerome Bruner, en su artículo “JUEGO, PENSAMIENTO Y LENGUAJE”, concluye: ”Voy a concluir de forma muy breve. El juego no es sólo juego infantil. Jugar, para el niño y para el adulto…, es una forma de utilizar la mente e, incluso mejor, una actitud sobre cómo utilizar la mente. Es un marco en el que poner a prueba las cosas, un invernadero en el que poder combinar pensamiento, lenguaje y fantasía…

"Playing as a natural way to organize knowledge" 




domingo, 13 de marzo de 2011

En la ruta de aprendizajes significativos

Fragmento de la entrevista publicada
en la Revista Pauta No.198, 03/2011
Otra vivencia que marca mi inclinación por la búsqueda de métodos diferentes de aprendizaje, que no privilegien la memorización sino el proceso y la comprensión, fue la forma en que dábamos las lecciones que nos exigía el profesor de Literatura Universal: frente al grupo nos pasaba por parejas para hacer la exposición correspondiente. Un día debí presentar la lección sobre Dostoievsky y mi compañero empezó así: “ Teodoro Michailowich (1821- 1881) en su origen era de familia católica de Lituania, con sangre escandinava en sus venas. Eran sus padres altivos, intolerantes, devotos, muy pobres. Cuando pasaron a Ucrania, cambiaron de religión…”. En este momento el profesor me solicita seguir la lección y yo, tomando aire, empecé a narrar la situación de Raskolnikov y Sonia, pues estaba embebido leyendo la novela Crimen y Castigo. Esto no me lo aceptó el profesor, ya que requería la biografía tal como lo exponía el Hermano Claudio Marcos, en su texto Lecciones de Literatura Universal. Entonces, mi compañero continuó con la lección: “ Dostoievsky escribió para un pueblo que se deja atraer y siempre con facilidad por el fatal torrente de la autonegación y la autodestrucción…”. En este momento pensé que algo no funcionaba en el proceso de enseñanza- aprendizaje, pues era más importante repetir mecánicamente que utilizar el juicio crítico. Es decir, ya los conceptos venían establecidos en el texto y algunos de nosotros, a pesar de leer al autor, no podíamos sacar nuestras propias conclusiones.