domingo, 3 de octubre de 2010

La cabeza no es la matera, es el árbol del saber

Mi trabajo pedagógico se ha centrado en facilitar el aprendizaje de las dos áreas básicas para seguir aprendiendo: la Lectoescritura y la Matemática Básica. La Lectura y la Escritura no pueden considerarse una materia de estudio en sí mismas; son más bien herramientas del conocimiento que, en la medida en que estén bien  cimentadas, permitirán progresar en el camino del aprendizaje. La Lectoescritura nos habilita para seleccionar  la información pertinente y profundizar en nuevos aprendizajes.


Hoy, en el mundo de la tecnología, cuando están a nuestro alcance millones de documentos, libros, blogs, videos, periódicos, etc., se hace más y más relevante el concepto desarrollado por  Edgar Morín en su libro “Una Cabeza Bien Puesta”, proponiendo que el individuo adquiera principios organizadores que le permitan relacionar los saberes y darles sentido, generando así la habilidad de analizar y plantear problemas.  Esta afirmación de Morín se relaciona con la de Montaigne quien decía que: “Es mejor una cabeza bien puesta, que una cabeza repleta”, pues el aprendizaje no consiste en atiborrar el cerebro de información, que sabemos no podemos almacenar, ni recordar datos que superen nuestra capacidad de asimilación. Por ello, es indispensable seleccionar cuidadosamente aquello que se lee, y que se aprende, a fin de lograr sistematizar el conocimiento,  evocar lo que hemos aprendido y poder utilizarlo en nuestra vida cotidiana.
Recordando a Piaget con su símil del aprendizaje con el metabolismo, en mis charlas con los maestros les señalo  que no es conveniente “tomar el lunes todos los desayunos de la semana”, con el objetivo de lograr mejor nutrición y ahorrar tiempo. 
En alguna oportunidad leí en la prensa sobre una joven que afirmaba leer un libro por día, lo cual no dejó de sorprenderme, ya que a mi juicio, lo que interesa no es la cantidad de palabras que leemos por minuto o la cantidad de libros que leemos por día, sino la relevancia de la información que asimilamos y la capacidad de utilizarla para mejorar nuestra vida.
Ya decía el Dios Theuth  refiriéndose a la invención de la escritura: “Este conocimiento, oh rey,  hará más sabios a los egipcios y vigorizará su memoria: es el elixir de la memoria y de la sabiduría lo que con él se ha descubierto”* Estas palabras son claves, pues el libro y el computador hoy en día, son capaces de almacenar información en grandes cantidades, mientras el Internet nos da una posibilidad casi infinita de acceso a esta memoria colectiva. Aquí tenemos un archivo permanente al cual podemos conectarnos, a cualquier hora del día, desde cualquier lugar del mundo, en casi cualquier idioma. Por ello hay una necesidad urgente de revolucionar la educación y lo que se aprende,  pues no se trata ya de repetir y recitar los textos que nos recuerdan quiénes somos, sino de aprender a acceder, a seleccionar y usar información de manera crítica y ética.  Solo “una cabeza bien puesta” permitirá esta actividad en forma consciente.
 Sabemos que el cerebro no puede asimilar conscientemente toda la información que le llega minuto a minuto y por esto  la urgencia de que los niños y niñas aprendan a razonar y aprendan a seleccionar información relevante.
Fundamental, pues, en este momento histórico, es saber leer bien, es decir, saber entender el texto y seleccionar críticamente lo que leemos, para poder emplear de manera útil dicha información. Desarrollar en  los niños y niñas  hábitos de lectura y procesos de aprendizaje que les permitan seleccionar la información, saber dónde conseguirla y cómo aplicarla es esencial.
Además de saber buscar, es necesario saber encontrar y saber conectar, de lo contrario la cabeza se convierte en contenedor de información y no en una herramienta para pensar y transformar el mundo.
Y una cita final para repensar "¿Dónde está el conocimiento que perdemos en la información?" T.S. Eliot.
* Mito de Thamus. Narrado por Platón en su diálogo Fedro.